No creo en los psicólogos,
ni creo en los fantasmas (de todo tipo).
No creo en cosas del más allá (me pilla demasiado lejos)
No creo (ni mucho menos) en los curas.
No creo en la Justicia.
Tampoco creo en Dios.
No creo siquiera en la Familia (ni como institución ejemplar ni como apoyo), utilizada siempre con ese maldito sentido peyorativo.
Realmente no estoy inventando nada nuevo.
Quiero decir, que no soy ni siquiera original.
Ya hace muchos años, Lennon escribió una canción que, poco más o menos, voceaba cosas como las que estoy diciendo.
Y llegaba al extremo final de gritar “no creo en los Beatles” para acabar sencillamente diciendo “sólo creo en MI”
Como digo, ni soy original ni pretendo serlo.
Mi creencia (no tengo escarmiento) no es tan básica ni tan egocéntrica (por decirlo de alguna manera): Yo sólo creo en la gente.
Y así me va.
Creo que por encima de todas las cosas estamos nosotros, la gente.
Y que compartir es una buena doctrina, bien entendida.
Y que disfrutarse es un extremo placer que nunca acabamos de valorar.
Y recordar, una manera de avanzar (sea como aprendizaje o como escarmiento).
Y querer al personal tiene que ser suficiente para sobrevivir un día más.
No puedo concentrarme mucho más. Los conceptos son tan inmensos que me sobrepasan. Pensar en cada momento es tirar de una cadena. Y una cosa lleva a la otra, y un instante, al siguiente.
Y no puedo pasar sólo un segundo por cada uno, necesito paladear cada flash, cada chasquido de neurona, cada olor…
Entonces soy muy pequeño. Soy un punto en cada una de las vidas que alguna vez me han tocado o me han rozado. Porque es tanto tanto tanto…
Vuelvo a tener palpitaciones. Como el que tiene que dejar la bebida, tengo que dejar de recordar.
13/04/2010
martes, 13 de abril de 2010
lunes, 5 de abril de 2010
La tormenta es llanto.
Esta noche, la tormenta está encima mismo.
Pasó el viento de los días, con sus buenas brisas, sus malos aires, su soplido terco y persistente... Pasó al lado, yo lo noté. Se me apoderó, golpeándome por todo el cuerpo... pero pasó.
Entonces difruté de los amigos, una bocanada de alimento a granel,
los noté al lado, los sentí (algunos lejanos) muy próximos...
Y me di un golpe en la esquina de la memoria,
se me abrió una brecha en la frente interior y se me derramaban las fotografías por encima.
Tomamos un café, la lluvia seguía asustando.
Dice "estoy aquí, no te olvides"
Y estaba ahí. No me olvidé.
Pero llegó el tiempo de salir con el paraguas al asfalto.
Llegó el tiempo de correr bajo las oscuras nubes. El recuerdo me llevaba de la mano.
Llegó el tiempo de acabar con la carrera y guarecerse y abrigarse y secarse ante el fuego.
¿Me he dejado algo?
No sé: llegué y lloré. Lloré mucho mucho, como dos árboles.
Esta noche, ya digo, la tormenta está encima mismo:
después de la carrera, del chapuzón, del calor al fuego,
de las distancias que se saltan,
después de la huída hacia uno mismo, y de la escapada de lo eléctrico,
quedé solo,
quedé solo,
quede muy solo,
y lloré.
Lloré por mí y por lo que fui.
Y por lo que habíamos sido.
Por lo que éramos y en lo que nos hemos convertido.
Pasó el viento de los días, con sus buenas brisas, sus malos aires, su soplido terco y persistente... Pasó al lado, yo lo noté. Se me apoderó, golpeándome por todo el cuerpo... pero pasó.
Entonces difruté de los amigos, una bocanada de alimento a granel,
los noté al lado, los sentí (algunos lejanos) muy próximos...
Y me di un golpe en la esquina de la memoria,
se me abrió una brecha en la frente interior y se me derramaban las fotografías por encima.
Tomamos un café, la lluvia seguía asustando.
Dice "estoy aquí, no te olvides"
Y estaba ahí. No me olvidé.
Pero llegó el tiempo de salir con el paraguas al asfalto.
Llegó el tiempo de correr bajo las oscuras nubes. El recuerdo me llevaba de la mano.
Llegó el tiempo de acabar con la carrera y guarecerse y abrigarse y secarse ante el fuego.
¿Me he dejado algo?
No sé: llegué y lloré. Lloré mucho mucho, como dos árboles.
Esta noche, ya digo, la tormenta está encima mismo:
después de la carrera, del chapuzón, del calor al fuego,
de las distancias que se saltan,
después de la huída hacia uno mismo, y de la escapada de lo eléctrico,
quedé solo,
quedé solo,
quede muy solo,
y lloré.
Lloré por mí y por lo que fui.
Y por lo que habíamos sido.
Por lo que éramos y en lo que nos hemos convertido.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)